¡AL TARDEO!

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La Pandemia le ha otorgado un protagonismo especial a las próximas Fiestas de San Fermín y su Feria del Toro, las cuales van a pasar directamente a la Historia. No puede hablarse en propiedad de una necesidad de esparcimiento y olvido, puesto que hace ya mucho tiempo que ha retornado todo tipo de ocio a nuestra desenfrenada sociedad. Nos suscribimos a la opinión de que todo ha sido una gran oportunidad perdida para dar un golpe de mano a la organización de la tauromaquia, así como para recuperar el timón de un barco sanferminero a la deriva en las olas del océano de la globalización. Despejado el humo de la bomba nuclear coronavírica, nos encontramos con la escenificación de un tardeo a ritmo de cubatas como alternativa moderna y sensible frente a la crueldad de la primitiva tradición taurina. La cuestión es que San Fermín sin toros es una discoteca sin discos.

La Feria del Toro tiene su arquitectura secular y el aficionado tiene que asumir que no es plaza para experimentos creativos, aunque este año va a haber uno. A la Santa Casa los experimentos le suelen salir bien. Cayetano ha pecado mortalmente contra el cuarto mandamiento por no responder a esta cita de Pamplona; desde su bisabuelo, todos sus ancestros hubieran acudido. La Junta Taurina de la Meca ha comunicado que toreros emergentes del escalafón han declinado su participación, con lo que estos flamantes postulantes a figuras anuncian realmente que no se van a escapar del pelotón. Algunos aficionados vamos a echar de menos a toreros «legionarios», como Javier Castaño o Fernando Robleño, que cumplieron en la Feria del 2019 ¡ Olé los toreros honrados!

San Fermín que todo lo ve, bendecirá toda voluntad que pongan los pamploneses para honrarlo. Las fiestas de Pamplona se han caracterizado a través de los tiempos por una espontaneidad explosiva y el rechazo a la fiesta organizada. Nosotros optaremos por tardear en el tendido, disfrutando o ensombreciéndonos con los avatares de los festejos, al ritmo de la singular música de la plaza de Pamplona.

La melodía es centenaria: ¡ A los toros!