Mi balance taurino 2016

461
balance taurino 2016

La temporada taurina 2016 ha estado marcada por los ataques a este espectáculo, y algunas tragedias como la muerte de Víctor Barrio, también  la del popular y carismático torero mexicano El Pana y la del peruano Renato Motta. Otros percances muy graves, como los de  Escribano y Roca Rey, y novilleros como Belando, Salguero y Rafael Serna.

Completa ha sido la temporada de Talavante, en su mejor momento y en su mejor versión. Este torero ha hecho importantes faenas de gran éxito, proclamándose triunfador en varias ferias de España, incluida la nuestra (San Fermín).

La irrupción triunfal del joven peruano Andrés Roca Rey marcó la primera parte de la temporada, hasta que un grave percance la cortó.

Merece la pena seguir destacando a otros toreros emergentes, como López Simón que logra encabezar el escalafón, en corridas y trofeos. Muy bien Garrido, joven torero que triunfó en Bilbao  con los Fuente Ymbro: faena gallarda y con emoción, culminando con una gran estocada. Muy bien Javier Jiménez en las Ventas, así como Ginés Marín.

También destacar a toreros que han ido subiendo, como Curro Díaz, Juan Bautista y Rubén Pinar. Toreros que intentan abrirse paso para llegar por méritos propios a la ansiada cúspide. Ahora solo hace falta que les acompañe la suerte, y les respeten los toros, para que pueda haber un relevo en el escalafón.

En cuanto a las llamadas figuras, la presencia de José Tomás volvió a llenar Illumbe, añadiendo un atractivo a la Semana Grande de San Sebastián. La figura más emblemática  de la actual tauromaquia, leyenda viva del toreo y el único que hoy llena las plazas. Apenas torea festejos, cobra más que ninguno de sus colegas, lo que se justifica pensando que los empresarios que lo contratan logran así vender todo el abono de las ferias.

Luego es rentable, y lo más importante: que cuando esta anunciado, durante varios días se habla de toros. Los que le aplauden pagan en la reventa cantidades superiores a su precio en taquilla, se dice que cobra alrededor de medio millón por corrida, incluso más en plazas de postín, como “La México” que cobró en su última actuación millón doscientos mil euros la tarde, así como otro millón en Aguascalientes el día de la cogida e igual cifra en Francia (Nimes) el día que se encerró con seis toros en esta plaza.

Morante de la Puebla como siempre mostrando sus dos caras: la de cal y la de arena.

Es norma de los toreros de arte eso de tener más tardes de bronca que de ovaciones, pero el público quiere y exige algo más digno que andar arrastrándose por las plazas. Entiendo que una figura del toreo, que llega, además a reconciliarse con Sevilla después de dos años de ausencia y de castigo a la plaza, no puede permitirse el lujo de que le echen un toro al corral y encima salga a saludar a la raya del tercio. Eso es faltarle el respeto a la afición y al espectáculo. A un que no parece que al público de Sevilla le afectó mucho que le ovaciono por tan estrepitoso fracaso esa tarde.

Flojos pero como siempre poderosos han estado este año tanto El Juli como Castella. El primero matando la camada entera del hierro de Domingo Hernández (Garcigrande) la ganadería por la que se pegan las figuras, y que la mayoría de las veces salen toros descastados y sin movilidad: muchos muletazos sin transmisión ninguna, mucho postureo y muchos trofeos, pero emoción ninguna.

José María Manzanares triunfó en la corrida de La Beneficencia en Madrid. Faena extraordinaria, siendo el triunfador indiscutible. Y como diría aquel, “mira que me jode decirlo” por ser un torero que no me gusta por ser muy ventajista. Pero hay que reconocer que esa tarde lo bordó. Toreó al natural tandas de muletazos lentísimos, con elegancia y estética.

Al ganadero Victorino Martín le hacía falta un triunfo después de un largo tiempo de resaca ¡y vaya que lo tuvo! Fue en la Feria de Abril de Sevilla y el que esto escribe de testigo directo. El toro de nombre “Cobradiezmos” embistió “con mucha fuerza y el rabo empinado”,  para seguir en la muleta con enorme profundidad, con prontitud y repitiendo incansablemente las arrancadas, empalmando una  con  otra sin levantar la cabeza del suelo.

El torero Escribano estuvo a la altura del toro, que no le desbordó, que ya es bastante, no fue cicatero, sino que lo lució y lo dejo ver en toda su dimensión.

En cuanto a las demás ganaderías, dentro de las que matan las figuras otro año más sin novedad. El mejor nivel han dado Núñez del Cuvillo, Victoriano del Rio y Alcurrucén.

Hablando de ganado diré, que el toro de lidia también puede ser tan deslucido y peligroso como los de Puerto de San Lorenzo que se lidiaron en la última Feria de Otoño de Madrid. Asunto distinto es que el espectador ya solo este acostumbrado al torete de dulce condición. Esa tarde se lidio en Madrid uno de los festejos más duros y violentos de los últimos años: Toros mansos, descastados y ásperos, broncos y del peor estilo. A Curro Díaz y a Garrido le sobraron pundonor, arrojo y entrega y lo que es más importante: Los toreros se marcharon por su propio pie. Doloridos pero vivos.

Para terminar.

Esta temporada va a ser la de la retirada de nuestro torero Francisco Marco. Marco, desde su primera corrida como matador de toros en el año 2.000 (fue triunfador de la feria) su presencia ha sido imprescindible, siempre se ganó el derecho a repetir, tanto como torero navarro, como por sus cualidades. Siempre ha arriesgado, siendo un torero valiente y con clase al que le falto suerte para haber dado el salto a la parte alta del escalafón, y siendo injustamente olvidado por las empresas que dominan este espectáculo. Desde aquí le deseo lo mejor en su nueva vida.