Camino de Sanfermines: El fin del mundo

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Qué torpeza sin igual. Qué alegría sin reservas. Qué esfuerzos sobremanera. Llegan los Sanfermines. ¿ Aita, qué número son? Biotza (corazón), no hay quien lo sepa!!

Un año más el fin del mundo llega. Camionetas, camiones, transportes, y varios demás articulados vehículos se plantan a sus anchas por las viejas rúas de la angostada Iruña. Gente a tropelía, variados personajes habituales que deambulan todo el año y se sorprenden y sorprenden del movimiento continuo que a todos marea. Cajas a tutiplén donde señorío vendían como pago. Plástico. Mucho plástico. Vendido en pocas horas cuan cristal de Murano. Barato vendido a precio de oro. Caro escondido cuan estraperlo. Todo se barrunta mirando a un cielo  incierto que manda más que vivos y muertos. Y es que tengo zapatillas ¡nuevas oiga!  tengo camisas de manga corta, y larga que los señoritos tenemos que ir con manga larga recogida. Dos del Eroski. Pardiez!!! Cómo pecas Francisco!

Ay!! Irremediablemente llegan las fiestas del pueblico de mi amigo Juanito. Hombre como pocos. Bueno y sano. Al que barullos de mierda le han intentado mancillar. Pero Juanito, es como sus fiestas. Largo, amable, entendido, cariñoso, inefable. Cómo me gusta mi amigo Juanito. Salvo por mi viejo Aita, no hay nadie por quien pusiera la mano en el fuego. Y como me han echado de los corrales, y un niñato, hijo y nieto de personas que admiro, y admiré no me han permitido ni hacer mi trabajo, echado en directo en antena en radio Marca, y llegan momentos de personas que se creen dioses, lo digo hoy, cuatro de julio, cumpleaños de mi difunto suegro: estoy ahí. Dispuesto. Y no voy a pasar ni una.

Patxi Arrizabalaga