Carriquiri en Tafalla

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18 de Agosto. Sol y cielo azul. Viento norte todo el día. Al sol se está en temperatura agradable y suave. Toros de Carriquiri. Encierro rápido y trepidante, donde cada vez se juntan más habituales del circuito nacional, aunque aún quedan los de siempre de la localidad, que ya no suponen un 10% de la masa humana.

Apartado silencioso y pronto.

Corrida de toros de la ganadería de Carriquiri, encaste ‘nuñez’ que la familia Briones cría en tierras pacenses, bien presentados, algunos con exceso de romana, grandones como el tercero, altos de cruz como el cuarto y el sexto. Mansos en general y de poco juego salvo primero y segundo, que si tuvieron mejor fondo, y merecieron mejor trato, sobretodo el segundo.

Tarde con viento azotando los plataneros que guardan la plaza, con ambiente, aunque no se termina de llenar el coso. Sol lleno. Chaquetas en sombra. Gente conocida de la tierra, y en principio tres toreros rodados y con oficio. Javier Castaño y El Capea con 35 años y Pérez Mota con 29, son toreros que han tenido muchas lidias. A El Capea acompaña su padre, Pedro Gutiérrez Moya, Niño de la Capea, que se sienta con amigos en el callejón. Y como decía bien el chulo de banderillas, Miguel, en el sexto de la tarde, la crónica mañana la tituláis ‘tarde de avisos’ porque los hubo en todos los toros, hasta dos en el último.

Castaño toreó con oficio y saber sus dos toros. La comparación con su hermano fue el runrún en el primer toro entre el aficionado y público. Inicia con prontitud pelea con un hermoso colorado, 35 en sus lomares, que hasta tres veces se viene a puerta de chiqueros. Se deja crudo al primero en varas, con una medida, y se lucen su cuadrilla en banderillas. Con la muleta se encuentra con un toro con buen fondo y le asesta buenos zurdazos, y series de interés por la derecha, aunque torea despegado. Prepara con mimo la suprema, y en silencio expectante deja una entera, un poco trasera y atravesada, tardando un montón en caer el bureo en tablas. Una oreja. En su segundo, el ofensivo 37, negro y muy alto al que le deja un picotazo muy medido en varas, se luce nuevamente la cuadrilla pareando, Sánchez en el segundo y Angel Otero en el tercero. Toro malo, parado, al que Castaño le realiza una faena encimista, de mucho riesgo, al límite de la cogida, buscando el ‘ay’ de la gente y la puerta grande. Pero a la suprema, el toro parado no le ayuda nada y él se equivoca al entrar al natural las tres primeras pinchando en todas. Mata a la contraria, dobla y certero puntillazo. Silencio.

El Capea viene de reata, tiene ganado en casa, por ser hijo de quien es torea en muchos lares, sobretodo en América, pero se le ve verde y sin sitio en su primero, un hermoso castaño, el 31, con un excelente trapío. Sale trotón y Capea apenas puede pararlo, con tibieza y piernas inseguras. Toma dos varas, la primera de largo, y la segunda se le escapa al diestro y va por su cuenta. De los pares, justos los dos primeros y al rejoneo el tercero, preludian una faena sin templanza. Decir que entra muy bien el toro de inicio y por bajos y doblones lo abre a los medios en lo único de nota que realiza en este toro. Sigue con unos malos zurdazos ayudados en la primera serie en los medios y muy despegado en las siguientes con la derecha. Se suceden series sin confianza ni remate, y mata con cuchillada trapera que hace guardia y que cuesta un mundo retirar a su cuadrilla. El sainete continúa con pinchazos inseguros, bajonazos y a la quinta deja entera que escupe el animal por atravesada. Algunos pitos. En el callejón el padre tapado entre sus manos en todo momento le suelta al rato lo que parece un panegírico. Y al quinto, un 9 bastote, fuerte de pechos, ofensivo, el inicio presagia más de lo mismo. Entra una vez a cada caballo y los del castoreño se emplean a fondo. Pares ligeros, y bien colocados los dos primeros. Pide el cambio y la presidencia no concede. El tercero uno a la carrera. Y parecía que poco más, pero suena la música por dos derechazos y se viene la faena arriba cuando parecía que ni toro ni torero estaban dispuestos. ¡Cómo cambia el cuento en un segundo! Y es que la música hace mucho, si se escucha. Y en Tafalla es un lujo. Realiza buenas series entre olés y se ve cerca de la oreja. En todo momento y tras cada serie se gira a las indicaciones expresas que le realiza su padre desde la barrera del callejón, ¡más aquí! ¡Déjalo allá! Entra deprisa y pincha con desarme. Pinchazo arriba y atravesada entera que escupe con los rondos ilegales de la cuadrilla. Descabello, y empieza la cuadrilla a rogar la oreja, parar a las mulillas, calentar el ambiente que no hace quebrar la actitud de la presidencia. Tras el arrastre unas palmas hacen salir a todos y se larga una vuelta al ruedo por la ‘jeró’.

Pérez Mota venía con todo el ánimo y todas las expectativas del aficionado. Triunfador el pasado año con aquella enorme faena al toro de Bañuelos, vuelve con el mismo terno, chicle y azabache, feo de ganas, que le da suerte. Pero el caso es que algo más que el terno de la suerte esperábamos aunque el lote no fue bueno en ningún momento. Fue el único en saludar con verónicas de buen trazo, y lo hizo al tercero de la tarde, el grandón y feo acapachado, un colorao que daba pábulo en los corrales, y visto a pie de arena se ve inmenso. Coloca bien al caballo en una primera vara dura, larga que pelea el animal, pero se encuentra que el tordo con todo el armazón más el humano es aún mayor que él. En la segunda señal y punto. Pares con complicaciones dan paso al brindis al público y se va a por él. Empieza ventolera. Al final la faena no termina de romper, el animal se despista con una mosca y Mota no termina de hacerse con las riendas. Pincha a la primera y entera a la segunda. En ambas se tira por derecho. Dos descabellos y silencio. Su segundo, el sexto de la tarde, el 11 sale rápido y pasa con velocidad por las puertas y recibe un tibio saludo que no termina de centrar al animal. Lo machaca al caballo ante los pitos del personal. Una primera vara que se lleva un dos en uno romaneando con saña, y una segunda también fuerte. En banderillas coloca bien sus pares el primero y el penicilina lo deja al rejoneo, y a partir de ahí, inicios de no querer verlo ni en pintura al brutote y malo animal. Falta actitud del torero que se dedica a jalear al público más que torear al animal y no hay más. Dos pinchazos y un bajonazo que afecta a pulmón y cae fulminado. Más silencio.

Resumen: mala tarde.

Termina los espectáculos mayores en Tafalla. Recortes el miércoles y la novillada de Aguadulce el jueves con toreros locales cierran la feria.

Patxi Arrizabalaga