Crónica día 14

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¡Bravísimo Escribano!

(Antonio Lorca en: cultura.elpais.com)

Mala la corrida de Miura, grande y seria, pero mansa y descastada

Manuel Escribano no salió por la puerta grande, pero lo mereció, y no como otros. Es un torero valentísimo, sincero a carta cabal y generoso sin límites. No se lo llevaron a hombros, pero estuvo muy por encima de la deslucida corrida de Miura, se jugó la vida sin trampa ni cartón, asustó a la concurrencia y exprimió a sus toros desde que salieron por chiqueros hasta que exhalaron su último aliento. Carece de pellizco artístico, pero es todo corazón, y emociona por su entrega. Maneja con soltura los engaños, se deja ver en banderillas con la verdad por delante y mata con facilidad. Lógico es, pues, que destaque con las corridas duras que exigen toreros con el corazón palpitante y la cabeza amueblada.

En Pamplona recibió a sus dos toros de rodillas en la puerta de chiqueros, y por allí salieron dos pavos impresionantes; el primero no le hizo ni caso, pero el otro acudió al cite y rozó con el pitón derecho la frente del torero, que lo esquivó con eficacia y se levantó sin inmutarse.

Con las banderillas en las manos demostró en el que abrió plaza que su sentido del riesgo no conoce término; como ya es habitual en él, se sentó en el estribo en el tercer par, llamó al toro, que no estaba a más de tres metros de distancia, se quedó sin espacio para hacer el quiebro y los pitones se desplazaron peligrosamente por la axila derecha del torero mientras trataba a duras penas de encontrar una salida que parecía imposible. Salió, pero de auténtico milagro.

El animal, de noble y soso comportamiento, le permitió una faena sin hondura, que perdió intensidad al tiempo que se apagó con rapidez la codicia del toro.

Otro espectáculo protagonizó con las banderillas en el cuarto. Se asomó al balcón en un segundo par arriesgadísimo y acabó de convencer a los tendidos con un tercio al violín quebrando en la cara de un toro que echaba la cara arriba, brusco y violento. Lanzó tornillazos y alargó el cuello en la muleta, y bastante hizo Escribano con zafarse de las aviesas intenciones de su oponente. En fin, un espectáculo el de este torero.

Mala la corrida de Miura, grande y seria, pero mansa, descastada y deslucida, a excepción de los dos primeros. Y una salvedad: menos los lidiados en tercero y sexto lugares, todos acabaron con los pitones escobillados. ¡Qué raro…! ¡Cuatro miuras escobillados…! No debe haber motivo para malos pensamientos, pero alguien debiera ofrecer alguna explicación convincente.

Por unos u otros motivos, Bolívar y Cortés no estuvieron a la altura deseada. No es fácil empeño enfrentarse a este corridón en la feria de Pamplona cuando se torea poco y hay tanta necesidad, pero el primero se mostró muy despegado y precavido con el encastado segundo, al que desplazó siempre hacia fuera, y así no interesó a nadie, y las dificultades del quinto le evitaron cualquier compromiso.

Cortés se enfrentó a un examen muy duro tras su larga e injusta sequía de contratos. Sus toros no sirvieron, especialmente el tercero, ante el que perdió los nervios con el descabello y dio un mitin inaceptable; salió muy dispuesto ante el sexto, se plantó con firmeza y consiguió estimables muletazos con encomiable decisión. Volvió a matar muy mal y se le quedó una cara que no merece un torero con tan pocas oportunidades.

Toros de Miura, muy bien presentados, mansos, descastados y deslucidos; noble el primero y encastado el segundo.

Manuel Escribano: estocada (oreja); pinchazo -aviso-, bajonazo (ovación).

Luis Bolívar: pinchazo, estocada baja -aviso- y dos descabellos (silencio); pinchazo, estocada contraria y un descabello (silencio).

Salvador Cortés: dos pinchazos, media -aviso-, cuatro descabellos -segundo aviso- y seis descabellos (pitos); sartenazo -aviso-, dos pinchazos y tres descabellos (silencio).

Plaza de Pamplona. 14 de julio. Octava y última corrida de la feria de San Fermín. Lleno.

 

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