El clavel y su consentido

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SEVILLA. 4ª DE LA FERIA DE ABRIL

Alejandro Martínez

Fotografía: Diego L. Vía El Mundo
Aunque aún faltan horas para que oficialmente de comienzo la Feria de Abril, la semana de farolillos, por Sevilla ya hay ambiente de feria. La alegría empieza a tomar las calles de la capital hispalense y también la Real Maestranza. Tras unos primeros días en los que no se había cubierto ni siquiera la mitad del aforo, hoy se colgó el cartel de “No hay billetes”. Y con el llenazo, las caras conocidas y los guapos y guapas tomaron los tendidos. Todos, o casi todos, de punta en blanco, vestidos para la ocasión, para el acontecimiento. Y se preguntarán ustedes que es lo que pasaba esta tarde en el coso sevillano que podía generar tanta expectación para que los vips se acercaran a los toros. El motivo: volvía el hijo pródigo; regresaba Manzanares. Aunque ya hizo el paseíllo el pasado Domingo de Resurrección, esa tarde compartió protagonismo con otro torero: “Espartaco”. Pero hoy no, hoy era su día. No importa que el año pasado les dejara a todos plantados por no contravenir las instrucciones de El Juli y Morante en su guerra con Pagés; Manzanares y Sevilla son un solo cuerpo y un solo espíritu y así lo quisieron volver a reivindicar.

Y es que el gran consentido de esa exigente y elegante afición entusiasma con sólo hacer acto de presencia. Si no se llamara José María Manzanares y no tuviera ese aura de torero de Sevilla, hoy su actuación no habría pasado de sendas ovaciones. Eso, si acaso. Pero como es quién es, se marchó de la Maestranza con dos orejas tras dos trasteos casi idénticos en los que se dedicó a pegar pases a una distancia sideral y ante dos mansos que no tuvieron un ápice de casta. Pero podía haber sido peor porque muchos le pidieron la segunda oreja en el quinto con la intención de volver a verlo en volandas por la Puerta del Príncipe en medio de la catarsis general. Son las cosas de un público que desde hace ya bastantes años se distingue más por su percha y empaque, que por sus conocimientos y exigencia. Pero no se preocupen, que están orgullosos y no parecen tener propósito de enmienda.

Y todo esto sin tener en cuenta el petardazo que pegó Victoriano del Río con una corrida muy desigual de presentación que sorteó varios animales impresentables y que mantuvo toda ella un comportamiento manso, descastado y en el límite de fuerzas. Todo un desastre ganadero que vino precedido (para no variar) por el habitual baile de corrales de los carteles de “figuras”. Pero como la gente parece no escarmentar, llenaron la plaza y seguramente se fueron tan contentos con el apoteósico triunfo de su torero.

La primera oreja la cortó Manzanares del tercero, un burraco muy bajito que se tapaba por la cara. El de Victoriano, que no peleó nada en el caballo y salió suelto como el resto de sus hermanos, llegó al último tercio embistiendo descompuesto. Ante él, el alicantino firmó una faena en la que comenzó toreando muy al hilo y con ventajas y que terminó en las mismas tablas metiéndose con un animal que al sentirse mínimamente podido se rajó y no quiso saber nada más de la pelea. No importó que Manzanares no se acoplara y que insistiera con el huidizo astado, tras un estoconazo de los suyos le regalaron una oreja. Exactamente igual que en el quinto, un impresentable ejemplar que no tenía cara ni remate para Sevilla y que acabó igualmente rajado al abrigo de tablas. José María dejó detalles sueltos, pero casi siempre ejecutó los muletazos a base de tirones sin su habitual e innata templanza. El toro, que empezó moviéndose pero sin pasar ni romper hacia adelante, miró constantemente al torero y su falta de fondo quedó patente al pararse, cantar la gallina y rajarse. Y así, con el animal ya absolutamente rendido y claudicante, Manzanares se las ingenió para enardecer al público con desplantes y pases conseguidos en las cercanías. Tras el espadazo final, los tendidos de la Maestranza se cubrieron de pañuelos llegando a pedir incluso el segundo trofeo. La Presidenta aguantó y finalmente todo quedó en una oreja. Una vez más no importaba que el verdadero protagonista de la fiesta, el toro, hubiera estado ausente.

El otro acontecimiento de la tarde fue la alternativa de Lama de Góngora. Este joven torero, que ya sabe lo que es salir a hombros de Sevilla, y que desde su presentación se alzó como la gran esperanza de esta tierra, se convirtió en matador de toros ante un ejemplar de Victoriano del Río de buenas hechuras, tocadito por delante y bizco del pitón derecho. Amante, número 35, se llamó un animal que dejó sin apenas opciones al recién alternativado por su flojedad y falta de casta. A pesar de que, como el resto del encierro, se acabó muy pronto, Lama de Góngora anduvo por encima, con mucha voluntad y muy templado por momentos. El sexto, un burraco más serio y cuajado que la mayoría, fue también un espejismo. Empezó moviéndose con algo de transmisión, pero tras un par de series se afligió hasta acabar como los demás. Lama no pudo más que justificarse con voluntad. Por cierto, más le vale aprender a matar porque si no, la carrera que hoy ha dado comienzo tendrá un corto camino por delante.

Como maestro de ceremonias, y para cumplir el primero de sus dos compromisos en el abono, hizo el paseíllo un Enrique Ponce que aburrió hasta al más pintado a base de dar cientos de pases a un lote sin vida. Su primero, un castaño alto de agujas sin presencia, fue una mula mansa que se movió por inercia pero sin emoción. Y el cuarto, otro toro chico de perfil anovillado, fue tan descastado como soso.

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. 4ª de la Feria de Abril. Con lleno de “No hay billetes”, se lidiaron cuatro toros de Victoriano del Río y dos de Toros de Cortés (3º y 4º), muy desiguales de presentación con algunos mal presentados y sospechosos de pitones, y de manso y descastado juego.
Enrique Ponce (tabaco oscuro y oro): silencio en ambos.
José María Manzanares (negro y azabache): oreja tras aviso y oreja tras petición de la segunda.
Lama de Góngora (blanco y oro), que tomó la alternativa: ovación con saludos y silencio.
Curro Robles saludó una ovación tras parear al primero de la tarde. Curro Javier y Luis Blázquez también hicieron lo propio tras banderillear al quinto y hacer sonar la música.

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