Gracias, Victorino.

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https://youtu.be/kkvs3YlxVrM

Gracias por que nos has hecho volver a creer en la bravura, en la seriedad, en la verdad del toreo, tras una feria marcada hasta el momento por un ganado bajo mínimos, en la que el tercio de varas casi había desaparecido, el aburrimiento estaba instalado en los tendidos, y he aquí que la corrida de Victorino Martín, variada en su juego y cumplidora en el primer tercio, ha supuesto una reconciliación con el toro de lidia.

El festejo estaba siendo muy entretenido pero cuando el cuarto de la tarde piso el albero sevillano, algo se barruntaba, de nombre “Cobradiezmos” número 37, de pinta cádena, de 562 kilos de peso y nacido en diciembre de 2011, bien presentado, fue una máquina de embestir, lo que hizo incansablemente con repetición, fijeza y persiguiendo los engaños haciendo el avión y el hocico por el suelo. En varas, empujó en un primer puyazo. Lo colocaron de largo para el segundo, tardó en acudir y cuando lo hizo cumplió.

El toro había apuntado su gran categoría y el torero brindó su faena al público. Escribano comenzó con muletazos por bajo maravillosos. Y en las afueras lo toreó a placer en tres tandas por el pitón derecho, con muletazos largos. Por el izquierdo, también se lució en dos series al natural. No voy a entrar en que si estuvo por encima o por debajo del toro, creo que hizo todo lo que sabía delante de la cara del toro. Parte del público comenzó a ondear pañuelos pidiendo el indulto. Después de todo lo que habíamos visto hasta ayer, esto era una maravilla. El torero continuó toreando con la derecha despaciosamente y remató con unos preciosos ayudados.

Y el presidente, que no dudó, sacó el pañuelo naranja, concesión del indulto, y dos pañuelos blancos, para las dos orejas simbólicas que concedieron a Escribano, quien en la vuelta al ruedo invitó al ganadero, Victorino Martín García (hijo) y al mayoral de la divisa. Fueron momentos emocionantes para los que esperamos ver toros como este pisando los ruedos. 

Antes piso el albero “Galapagueño”, gran toro también, empujó en el caballo con brío y que tuvo un buen pitón derecho con el que Paco Ureña dio una buena imagen, consiguió tres series en las que los muletazos, templados, tuvieron calidad y toreó muy relajado. También logró varios naturales de nota. Algunos pases de pecho, soberbios. Un muletazo por bajo para colocar al toro en la suerte suprema, fue una guinda de categoría. Se tiró de verdad a matar, pero la espada cayó baja. El público pidió las dos orejas, y la presidencia las concedió.

Josetxo Gimeno