¿Pero qué pasa en Madrid?

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Hubo una “época” en que el cortar una oreja en Madrid permitía al torero firmar contratos para el resto de temporada y algo parecido, ocurría con Sevilla.
Desde hace algún tiempo en plazas como Sevilla y Madrid se están cortando orejas de muy poco peso (baratas o benévolas) dejándose llevar la presidencia por un público no nos vamos a engañar inculto en materia taurina, movido por la emotividad del momento y no por lo realizado ante el toro, una o varias volteretas, cuatro trapazos y una no muy buena estocada, y la oreja al esportón etc. En Madrid se está viendo de forma demasiado frecuente y por tanto preocupante; es lo que yo creo. “Errare humanum est” en mayor o menor grado, deberíamos procurar que esto suceda las menos veces posible. Madrid, que se considera la gran cátedra del toreo, no debería consentir que trofeos como el que vimos conceder ayer día 29 se vuelvan a dar, cierto que vimos un Daniel Luque que enardeció al público con su faena, pero la espada ¡hizo guardia! Y por si fuera poco, tuvo que hacer uso del descabello (dos veces). Pero como si hubiese sido la mejor estocada del mundo el público del clavel y digo del clavel pues creo que ningún aficionado lo hubiese hecho, sacó los pañuelos y el presidente, Sr. Trinidad, va y le concede la oreja. Increíble pero cierto. Según la prensa (especializada) “La faena de Luque, extraordinaria, sólo tuvo la sombra de una estocada defectuosa que asomó y que le hizo perder un triunfo mayor”, un triunfo mayor, luego dan por hecho que la oreja está bien concedida, estocada desprendida que hace guardia y se merece una oreja, apaga y vámonos.
El reglamento dice que la primera oreja la concede el público, pero creo que ante casos como el de ayer, la presidencia debería tener el criterio suficiente como para poder juzgar por si misma si los trofeos se deben conceder o no, lo de ayer en Madrid no debe suceder, antes un injusticia en contra del deseo del público, que una oreja no merecida, la justicia igual para todos, a buen entendedor pocas palabras bastan.

Josetxo Gimeno Argain.

Foto: abc.es