UNA RESPUESTA SIN LIBERTAD PARA SER LEÍDA

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Rasgarse las vestiduras por la tauromaquia se ha convertido en un esnobismo más de nuestra contemporaneidad. Los aficionados a los toros respondemos con una educada y envidiable indiferencia a la triste legión de descalificaciones e insultos vacíos de sustancia. Sin embargo, merece respuesta por su fina y educada redacción el artículo “moral taurina”, firmado por el señor Romera y publicado en el suplemento del pasado domingo en el Diario. Vamos a ello.

Tiene usted razón en que una corrida de toros implica la muerte cruenta de un animal pero debe reconocer que la palabra “diversión” no explica ni permite comprender al universo taurino. También tiene razón en que es difícil comprender a la tauromaquia porque es toda una cultura milenaria que ha devenido en todo un arte. Y no tiene por qué entenderla pero sí tiene que respetarla. La galaxia taurina no sólo respeta sino que entiende a las personas cuya sensibilidad se ve afectada por una corrida de toros bravos.

Desde tiempos históricos ha existido oposición a los festejos con toros. En el siglo XVI llegó hasta el mismo Vaticano, desde donde se emitió una bula papal de prohibición de fiestas taurinas que fue inútil. La respuesta de Fray Luis de León al Papa Pío V pasó a la historia. Tras la guerra de Sucesión española, el rey Felipe V quiso “modernizar” la España del siglo XVII prohibiendo las corridas. A la vista está su éxito. Uno de los primeros debates del recién nacido parlamento español, en el siglo XIX, fue el intento de prohibición de la fiesta de los toros. En conclusión, el que se engalane de modernidad por ser antitaurino lo es tanto como la encíclica De salutis gregis dominici de 1567.

Sabemos que la tauromaquia se ha convertido en un enemigo de la globalización. Esa globalización que cambia de canal cuando le interesa y que también mata cruentamente múltiples especies animales, nacidas y criadas en hacinamiento fuera de su entorno natural.

Porque así es, señor Romera, en los lugares habilitados legalmente se empaqueta en confinamiento y se tritura en su sangre a animales por miles para el beneficio humano . Cada cual es libre de reflexionar y los aficionados taurinos pensamos que es una aberración unir en la misma sustancia a los seres humanos con los animales.

A usted no le ha gustado la expresión artística taurina que se está produciendo en Zaragoza en estos días. A muchos aficionados a los toros, tampoco. A usted le parece desafortunado el recordado artículo de Vargas Llosa, en un rotativo nacional, a favor de la fiesta de los toros.

Quizás, simplemente, es que no le gustó lo que leyó. Tiene usted razón en que actualmente existe una batalla por la tauromaquia pero, probablemente, no la tiene en elegir el bando aliado con la palabra libertad. Tiene usted razón en que aquel artículo de Vargas Llosa molestó a muchos de sus lectores. Les molestó porque escribió que la corriente antitaurina es una rama del nuevo totalitarismo de hoy día, un totalitarismo disfrazado de progresismo. El filósofo Francis Wolff ha lanzado esta pregunta: ¿ quiénes son los bárbaros?, ¿ los que matan animales dentro de un ritual cultural o los que destruyen un arte que no pueden entender?

Lamentamos cordialmente que dedique su tiempo a contemplar el final de la tauromaquia aunque sospechamos que, salvo que pertenezca a la estirpe de Matusalén, no va a ser así. El tiempo de la Tauromaquia no se cuenta por años, señor Romera, se cuenta por siglos. Si un túnel del tiempo soltara a un navarro medieval del Reyno de Navarra al mundo de hoy, una corrida de toros sería lo único que podría reconocer.

Carlos Chérrez

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Carlos Chérrez
Pamplona (1966). Médico de profesión. Aficionado, socio del Club Taurino y colaborador de nuestra revista desde el año 2009.