Sevilla: de la alegría al llanto

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Antes de que empiece la Feria del Abril sevillana, el ciclo maestrante lleva ya semana y pico en marcha, con algunas alegrías, y una corrida de Juan Pedro Domecq que fue para llorar.

Me quería referir a esta última principalmente, pero no puedo obviar que primero debiera ensalzar el debut del navarro de Noáin, Roberto Armendáriz en los carteles de ciclo abrileño. Aunque fuera con un solo toro, en ese invento de poner seis actuantes a caballo. Con el poco espacio que permite los alrededores de la vieja edificación aún no me explico cómo caballeros y peones no equivocaron algunas de sus montas.

A ensalzar, sin duda, la buena actuación de los ‘torrestrellas’. Según nos cuentas, ¡claro! Él aficionariado sigue sin explicarse la no comparecencia del ‘molésplus’ en esos primeros festejos.

Grato es también, ver cómo Morante de la Puebla, en su regreso a su plaza con cinco tardes en el bolsillo, se apunta a torear hasta el límite reglamentario, a quitar a todos meciendo un capote que frunce el ceño de sus adversarios, cuando hace bien poco, a toros que ahora “le sirven” los despachaba sin reparos en el minuto uno de juego.

El histórico torpe que manda en la tele hace demasiado tiempo decía pestes de los victorianos del viernes, cuando hubo de todo. Mansos, menos mansos, nobles, menos nobles, y diestros que los obligaron hasta crujirlos.

Pero al final llega el baño de realidad. Vuelve el toro artista, ese que buscan los grandes estetas del espectáculo, admirados y seguidos en el contubernio por muchos ganaderos que les fabrican esas “chochonas irredentes” y que se permiten pontificar a todo hijo de vecino sobre lo que tenemos que ver, admirar y aplaudir. Este sábado la palabra debiera ser “poncificar” porque el maestro de maestros se permitió hasta levantar en el quite al tercero de Roca Rey, un inválido de libro que debió ser devuelto al primer lance. ¡Todos con el negocio al alimón!

Mientras mis retinas recibían perplejo el ignominioso evento, jaleado y aplaudido por no sé qué público verbenero, en lo que siempre ha sido la plaza de los profesionales del saber, y se me hinchaban las venas, el amigo Lucio Riesco a mi lado, templaba mi ánimo no dejándome escribir al instante la aberración recibida. Pero la pausa del sueño no hace más que agravar ese sentimiento que sueño y remo contracorriente, y que, efectivamente según me dicen, esto es el final del rito. La Tauromaquia ha muerto tal y como la conocimos. Y solo nos queda aclimatarnos o aclimorirnos. Eso es lo que nos están vendiendo en el tan manido dicho americano “esto es lo que hay”.

Si desde luego el juego a seguir es tragar con esa invalidez manifiesta en mor de ver una muleta templada delante de una mierda con cuernos, tengo claro que yo, de esto, incapaz de entrar al trapo, me “aclimuero”.

Un saludo para todos y que lleven con bien su amor por el ganado de lidia, nombre que hay que dar hoy en día a lo que antes conocíamos como ganado bravo por diferenciación con el resto de bóvidos.

Patxi Arrizabalaga