Tributo a César Moreno

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EL TAURINO DE PAMPLONA RINDIÓ TRIBUTO A CÉSAR MORENO

Una mesa redonda profundizó en la figura del empresario taurino y ganadero pamplonés

El Club Taurino de Pamplona rindió tributo el jueves pasado a quien fue su primer socio de honor, a César Moreno Erro, empresario taurino y ganadero pamplonés, fallecido hace catorce años. Y lo hizo mediante una mesa redonda en la que fueron interviniendo diversas personas relacionadas con él, como su hijo Fernando Moreno, su sobrino Lalo Moreno, Ignacio Cía, ex director de la Casa de Misericordia de Pamplona, y los aficionados Juan Antonio Roncal, Emilio García San Miguel –crítico taurino de este periódico durante 25 años- y Jesús Zúñiga, novillero en su tiempos jóvenes y ex presidente de la entidad taurina pamplonesa.
En un salón repleto de público, con aficionados llegados desde Sangüesa y Olite, y con numerosos familiares del homenajeado, se fue desgranando la figura de César Moreno tanto en su faceta humana como en la profesional, mediante recuerdos y anécdotas rescatadas del olvido.
En este sentido, Fernando Moreno, hijo de César y ex doblador de los encierros, se refirió al aspecto humano de su padre. “Era un hombre que se hacía querer, afable, con un gran sentido de la amistad. En el lado contrario, era un pésimo fisonomista. En una reunión de ganaderos en Madrid, el hombre que tenía al lado le preguntó: ‘¿no se acuerda de mí?’. ‘Pues no, la verdad’. ‘Corrí gratis delante de su toros y por la tarde los toreé cobrando’. Era nada menos que Antonio Ordóñez y mi padre no se había enterado”, recordó.
Por su parte, Lalo Moreno, matador de toros y doblador de los encierros, se centró más en la faceta de ganadero de su tío. “Gozaba en los tentaderos y enseguida veía la clase, el empuje, la duración de una vaca. Supo además transmitirnos su cariño hacia el ganado bravo. Era una persona humilde, que tenía gracia. Le llevo en el alma. Prefiero hablar poco de él porque le quiero mucho”, concluyó.
Ignacio Cía, ex director de la Casa de Misericordia de Pamplona, tras destacar asimismo el sentido del humor del recordado, explicó su faceta de empresario. “Fue durante muchos el empresario de la plaza de Pamplona fuera de San Fermín. Por ello, se le acabó conociendo como el empresario chico, aunque realmente fue un gran empresario. Contrataba a chavales que terminaban funcionando en el toreo. Como ganadero, lidió once años en la Feria del Toro y consiguió cuatro premios, lo que tiene mucho mérito”, aseguró Cía.
Respecto a los aficionados que le conocieron personalmente, Juan Antonio Roncal reconoció lo mucho que le había enseñado. “Le conocí desde pequeño, solíamos coincidir los domingos en la iglesia de San Miguel. Años después, en 1989, cogí confianza con él, sobre todo con motivo del festival que se celebró a beneficio de Jesús Gracia, que había sido novillero y doblador de los encierros durante treinta años. Yo ayudé en la organización del festejo y Moreno hizo muchísimas gestiones; aprendí mucho de él. Por ello, para mí siempre será Don César Moreno”, reconoció quien también es conocido como El Chili.
Jesús Zúñiga, novillero en su mocedad, ex presidente del taurino pamplonés, que ejerció también como informador taurino, se remitió a su libro, al titulado ‘Toreando por navarra’, escrito en vida del ganadero. “César Moreno es de esos hombres que posee instinto, intuición u olfato para moverse en el difícil mundo del toro. (…) Es nervioso e infatigable, habla con voz fuerte y recia, nunca se separa del cigarrillo, que mueve en constantes signos de aquiescencia. Su cabeza de pelo negro muestra el semblante con ceño aborrascado tras sus pequeños ojos y marcadas cejas, que componen una especie de máscara donde se esconde su excelente carácter de buen genio, en constante afán de broma (…) Es el ganadero y empresario que la goza trabajando como tal; simplemente, con una faena campera sin más importancia (…).
Por último, Emilio García San Miguel, alma de La Comanchada y crítico taurino de este periódico durante muchos años, rememoró las tertulias que compartió con él. “Primero en el bar Mikael; luego, en el Moca y ahora en el Picasso, hemos mantenido la tertulia, a la que César asistía. Por eso, como yo sigo yendo, me acuerdo todos los días de él. Respecto a su figura ganadera, recuerdo los traslados a pie del ganado, primero de Artajona a Tudela, y más tarde de la capital ribera hasta Ostiz, hasta Monteverde, una finca que rezuma historia taurina”.

KOLDO LARREA.