“Una retirada a tiempo es una victoria”. Napoleón (y el Juli…)

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Instantánea feroz que muestra la escuela juliana en la suerte suprema. Tras maniobra con la muleta que convierte al burel en mozorro en Viernes Santo, una acrobática descarga de la suerte inflige un mandoble certero por la retaguardia. Descanse en paz esta clase de tauromaquia de la Feria del Toro. Foto: Diario de Sevilla. Juan Carlos Muñoz.

Todos los anuncios oficiales de la Santa Casa explotan como cohetes en nuestra pequeña gran afición de Pamplona y el humo escribe las primeras letras de cada Feria del Toro. Unos petardos certifican presencias y otros ausencias, sin que los segundos sean menos sonoros que los primeros. Probablemente, el más destacado de este año ha sido la negativa de El Juli a acudir a San Fermín, tras más de una década de orejas, salidas a hombros e imparables triunfos populares. A pesar de que se trata de un torero veterano con la hoja de servicios de la profesión totalmente satisfecha, la incomparecencia de Julián López ha disparado los rumores en las tertulias de nuestro Club.

Hablamos de un matador de toros que anida en las cimas del Escalafón desde el inicio de su carrera, sometiendo y conquistando todo tipo de plaza con su  capote de hierro, sin que Pamplona haya sido una excepción. La figura del madrileño está investida de los fastos de la lidia contemporánea y su muleta posee la maestría de cosechar embestidas frente a toros descastados de todo pelaje. El Juli ha sido un emperador del triunfo en la arena, en los despachos y en el campo.

El contrapunto insatisfecho de la historia juliana es cierta especie de aficionados. Ahora hablamos de una legión de fieles, plenos de pasión por los toros bravos, que conocen y exigen el cumplimiento de las reglas clásicas del toreo. Este celoso afán por preservar la verdad en las plazas de toros debe defenderse hasta el fin porque la tauromaquia puede involucionar en un espectáculo circense bovino con telas coloradas. Y no debe obviarse que estos exigentes aficionados están deseando reconocer el triunfo a todo torero porque, con cada paseíllo, la vida vuelve a comenzar.

El Juli ha salido por la puerta de la Feria del Toro de 2017. En el Club Taurino esperamos que la integridad de la Fiesta, la casta y la bravura entren por la ventana.