Visita a Ciriaco Diez, torero de plata y doblador

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Ciriaco en su casa de Logroño
Ciriaco en su casa de Logroño

El presidente del club taurino de Pamplona Juanito Ganuza, Ignacio Usechi ex presidente del club durante varios años y el autor de este artículo nos juntamos para viajar a Logroño. El motivo es hacer una visita al que fue torero de plata durante muchos años y doblador de los encierros de Pamplona Ciriaco Díez Dueñas. Usechi ya tiene por costumbre hacerle una visita todos los años en fechas navideñas, motivo que aprovecha para   desearle un próspero año nuevo y llevarle un regalo, que este año consistió en un jamón de marca, que  como se dice en el argot popular, “no se lo salta un gitano”.

Una vez en la capital riojana y tomar un tentempié en la famosa calle  Laurel, nos dirigimos al domicilio de Ciriaco donde fuimos recibidos por su esposa Milagros, que es la persona que con todo cariño cuida  de la tetraplejia incompleta que este padece.

Todo ocurrió el día 8 de julio de 1987, era miércoles y se celebraba el segundo encierro de los sanfermines.

Los toros de Salvador Guardiola hicieron una carrera bastante accidentada. Un toro rezagado causó varias cornadas e incluso arrastro a un corredor extranjero prendido de un jersey varios metros por la plaza del Ayuntamiento.

Sin embargo la peor parte se la llevó el doblador de Logroño Ciriaco Diez Dueñas, que fue embestido por detrás por un cabestro cuando llevaba a un Guardiola a punta de capote hacia la puerta de chiqueros.

La embestida fue brutal e inesperada, cayendo al suelo totalmente desmadejado, teniendo como consecuencia una luxación cervical o sección medular con fractura de vértebras   donde nunca más se ha podido levantar de una silla por su propio pie, truncando inesperadamente su carrera. Su obligada inactividad ha de cumplirla entre la cama y su silla de ruedas, lo que le produce constantes depresiones anímicas.

A Ciriaco hay gente que solo le recuerda por este tremendo accidente, pero lo cierto es que, su carrera como torero de plata fue muy intensa, estuvo más de 30 años como profesional con casi 2000 actuaciones y 14 años como doblador de los encierros de Pamplona.

Ciriaco nació en Logroño en el año 1935, de madre Navarra y padre Riojano. Empezó en su tierra haciendo sus pinitos como torero, debutando de luces en la plaza de Haro en el año 1955. Cuenta que un crítico taurino de su época “Miguelillo” le dijo que con la muleta no era bueno pero que le veía muy bien con el capote. Le hizo caso y cambió la muleta por las banderillas.

Estuvo a las órdenes de matadores de la talla de Antonio Ordoñez, Diego Puerta, Paco Camino, Dámaso González y Miguel Márquez entre otros. En las ventas era conocido como el torero de los mexicanos, ya que hubo unas temporadas que actuó con todos y cada uno de los charros que pisaron el ruedo venteño como, Gabino Aguilar, Jesús Córdoba, Marcos Ortega y Raúl García.

Cuando fue cogido en Pamplona tenía 55 años y pertenecía a la cuadrilla de Curro Vázquez. En una entrevista al diario La Rioja a los dos años de su percance declaró: “nunca me había cogido un toro con el capote y ha tenido que ser un manso el que me deje en esta situación.”

Solidaridad con Ciriaco.

Nuestro presidente, Juan Ganuza e Ignacio Usechi con Ciriaco
Nuestro presidente, Juan Ganuza e Ignacio Usechi con Ciriaco

Ciriaco llegó a ser vocal de la Federación Taurina durante varios años, dando la cara en numerosas ocasiones por sus compañeros de profesión y en defensa de los intereses de estos.

En varias ciudades se organizaron festivales y muestras de apoyo en solidaridad con Ciriaco a raíz de su grave percance. En el festival de Logroño hubo una avalancha de ofertas de toreros y novilleros que querían actuar, que fue necesario hacer una selección. Al final lo hicieron Curro Vázquez, Espartaco, Joselito y El Capea entre otros, cogiendo un capital importante que sirvió para poder mitigar en parte lo que supone ser castigado por una tragedia de este calado.

La Casa de Misericordia en 1988 donó la recaudación de un encierro cuyo beneficio fue para Ciriaco.

También en Pamplona donde contaba con numerosos amigos, tuvo Ciriaco muestras de apoyo y de reconocimiento  en los sucesivos años. Se le hicieron varios homenajes por parte de peñas taurinas como la de Fermín Bioque en el Maisonave, corredores del encierro de Pamplona y el propio Club Taurino de Pamplona.

Por mi parte, sirvan estas líneas de homenaje y recuerdo a este hombre bueno, donde los percances en esta profesión son algo inevitable y es el tributo que hay que pagar para que la denominada fiesta siga viva.

Algunos datos curiosos de aquel año 1987

El autor, Cecilio Vierge e Ignacio Usechi con Ciriaco.
El autor, Cecilio Vierge e Ignacio Usechi con Ciriaco.

Cuando Ciriaco tuvo el desgraciado accidente con el cabestro que nunca tenía que haber salido a la plaza, tenía de compañeros de dobladores a Jesús Gracia, El Sevilla y Manolo Rubio. Al día siguiente, Lalo Moreno que aún no era matador de toros (tomo la alternativa ese mismo año en la fiestas de Tafalla)  sustituyó a Ciriaco.

Ese año (1987) se estrenó como nuevo cirujano jefe en la enfermería de la plaza el doctor Héctor Ortiz Hurtado. Enfermería que pasaba por ser la mejor preparada, equipada y atendida de cuantas se conocían en los ruedos.

Como ya hemos comentado los toros   que corrieron el encierro ese día eran de Salvador Guardiola y la terna de toreros para lidiarla estaba compuesta por, José Antonio Campuzano, “Morenito de Maracay” y Emilio Oliva.

José Antonio Campuzano aquel año vino contratado para dos tardes: la mencionada día  8 y otra para el día 11.

Si la corrida del día 8 de aquel año es recordada por la desgraciada cogida que tuvo Ciriaco en el encierro de la mañana, la del día 11 es también recordada por los aficionados a los toros por el famoso toro de Pablo Romero “Chivito”. Un toro fuerte pero manso. Salto varias veces el callejón y derribo varias veces el caballo, resultando herido el picador de turno: Victorino Cáneva.

La lidia resultó un desastre y Luis Francisco Esplá  decidió no banderillear al toro, montándose una broca fenomenal, tirándole todo tipo de objetos desde el tendido e incluso una botella. El enfado de Esplá fue tremendo, incluso enfrentándose con el público y decidió no volver nunca más a Pamplona, hasta que volvió años más tarde.